EL ORIGEN DE ESTA LOCURA Y LA GRAN GUERRA
Cuando hace un par de años me planteé escribir una nueva historia de cómic, lo hice, sobre todo, porque quería divertirme. Quería hacer algo en lo que fuera totalmente libre sin tener que dar explicaciones a nadie y ser feliz haciéndolo. Algo que fuera mezcla de todo aquello que me gusta del género fantástico.
Por eso me decidí por una fantasía con toques de género negro y por una historia de aventuras que me permitiera, a la vez, hablar de todos los temas que me interesan (el amor, la libertad, la amistad…). Así que elegí una gran ciudad al estilo del Los Ángeles de Blade Runner, pero llevándola a la estética steampunk, y casi sin darme cuenta llegué a un universo similar al que había creado para Las Increíbles aventuras del Duque Dementira, pero mucho más oscuro. Si aquel cómic era una versión colorida y con música de bandoneón al estilo francés, este iba a ser una variante con banda sonora de Vangelis y cubierta de sombras, casi en blanco y negro, con más crimen, más bajos fondos y mucho más misterio…
A eso añadí una época de posguerra, tras una cruenta contienda civil contra los magos, en la que el uso de cualquier tipo de encantamiento había sido prohibido por ley, y todo terminó de cuajar. Durante años, mientras imaginaba otras historias, había llegado a la conclusión de que una sociedad en la que la magia existiera, y en la que distintas escuelas de hechicería se hubieran encargado de enseñar, de extender y controlar su utilización, acabaría convertida en una dictadura en la que los magos goberna a capricho. Quizás sea un pesimista, pero no creo que un poder tal acabara finalmente, por usarse para el bien. Puede que entre esos magos míos hubiera gente buena (como el maestro de Odel, maese Saiforlé), pero en general el poder ha servido siempre para oprimir al pueblo, y mi mundo no sería distinto al real.

Así que imaginé una dictadura basada en el poder mágico, tan extrema, que llevara a la prohibición del desarrollo de maquinaria compleja. Impuse incluso una ley al respecto llamada Ley de las siete piezas, por la que se impedía crear cualquier aparato que estuviera formado por más componentes. En ese mundo, moler grano, calentarse, mirar a las estrellas, afilar espadas, arar el campo… Todo debía hacerse usando magia y, por tanto, dependiendo del poder de la casta de hechiceros. Y claro, el siguiente paso fue la lógica búsqueda de la libertad que ha llevado a todos los hombres a rebelarse contra la tiranía…
Pensé que ni siquiera en situaciones de hambruna, o de guerra, esa casta aflojaría su yugo, Imaginé un tiempo en el que los totalitarismos apoyados en el poder de las élites mágicas hacían sufrir al pueblo sin permitirle respirar y claro, no tardé en encontrarme con mis propios revolucionarios. En ese mundo, algunos hombres habrían comenzado en secreto a organizar logias de buscadores del conocimiento científico, y tras eso no tardaría en estallar la guerra entre los magos y los no iniciados, una guerra larga y cruenta en la que hasta las criaturas mágicas (trolls, duendes, hadas, etc.), esclavizados durante años, acabaron por alistarse en el bando de los tecnólogos.

Lo cierto es que esa contienda habría dado para mucho, pero decidí dejarla para luego (es posible que volvamos a ella más adelante) y desplazarme en el tiempo hasta los años posteriores, una vez los magos fueron derrotados y la magia quedó prohibida… Porque, de alguna forma, fueron derrotados. Los engranajes se impusieron a los encantamientos. Mi historia transcurriría finalmente en una época de posguerra, con inquisidores cazando a los últimos magos herejes, con libros prohibidos, plagada de viejos rencores, desertores y bajo un nuevo orden en el que la esencia mágica solo puede usarse, como combustible, tras ser destilada en máquinas especiales denominadas condensadores Kaulin…
Y la verdad, es que aquel escenario acabó por convertirse en uno de mis lugares favoritos. No os podéis imaginar lo que he disfrutado creando el mundo de Umbra Nova… Y aquel entorno no era más que el principio. Luego vendrían los personajes, las diferentes tramas, los amores, lo odios, y un asesino misterioso capaz de devorar las sombras de sus víctimas…

Aquella historia contenía, efectivamente, todo lo que me gusta de la fantasía, incluido algún que otro duelo a espada. Y todo eso es lo que Roberto Gacía Peñuelas, la editorial Serendipia y yo, os ofreceremos a partir de ahora.
Durante las próximas semanas pretendemos ir publicando diferentes artículos, sobre el origen, el proceso creativo, los personajes del cómic, la ambientación, etc. y espero que os adentréis con nosotros por las calles de nuestra oscura ciudad. No dudéis en preguntarme cualquier cosa que se os ocurra u os interese. Tanto Roberto como yo, como cualquiera de los componentes de la tripulación de Serendipia estaremos encantados de contestaros y de acompañaros en este paseo por Umbra Nova.
Así que la ciudad de Umbra Nova os espera. Pasen… Pasen, vean y maravíllense.





