El Blog de José Antonio Fideu

Pandora y el papel de la mujer en Los dioses muertos – Notas sobre Los dioses muertos (III)

Pandora y el papel de la mujer en Los dioses muertos
Ya lo he dicho. A veces las casualidades parecen programadas por el destino siglos antes de que ocurran. Es como si ciertos personajes hubieran aguardado durante todos estos años para encontrarse en el presente conmigo y mis historias. Y el caso de Pandora (como ocurriera con Houdin en Los últimos años de la magia) lo demuestra sin lugar a dudas.

Recuerdo encontrarme con ella en un libro de lectura del colegio, en uno de aquellos viejos Sendas de tapas marrones que publicaba la editorial Santillana en los ochenta. Creo que fue en tercer curso, durante la ya extinta E.G.B., aunque no puedo afirmarlo con exactitud. Lo que sí puedo asegurar es que en aquellas antologías escolares yo descubrí siendo un crío la belleza de la literatura. En ellas me maravillé por primera vez con la manera de narrar de ciertos escritores y conocí a muchos personajes que me han acompañado hasta hoy.

Personajes como Pandora.

Como ya he contado en un artículo previo, andaba a la búsqueda de un protagonista para mi nueva novela cuando di con Prometeo. El titán griego era el arquetipo perfecto de héroe rebelde, un tipo capaz de enfrentarse al mismísimo Zeus para hacer justicia y devolver el fuego arrebatado a los hombres. No tardé en decidir que sería él quien se enfrentara a mis dioses muertos. Y resulta que, investigando un poco, descubrí junto a su biografía la de aquella mujer asombrosa que me había llamado tanto la atención de crío.

Al primer vistazo me pareció perfecta para unirse a mi historia.

Veréis, para los griegos antiguos Pandora era un personaje cargado de rasgos negativos que sirvió para culpar a un sexo de todos los males del género humano. La literatura y en especial ciertos mitos religiosos, como reflejo del momento en el que se producían, solían reservar a las protagonistas femeninas papeles de este tipo. Por desgracia, las religiones, instituciones humanas de carácter político (no hablo del sentimiento religioso, que es otra cosa) han utilizado su poder para imponer normas que casi siempre han sido dictadas por hombres, y por esa razón, mujer y pecado han estado demasiado relacionados durante siglos.

Pero me desvío del tema.

En la leyenda original, Zeus ordena a Hefesto crear una doncella de barro con una belleza capaz de igualarse a la de las inmortales, y decidido a convertirla en un arma de destrucción masiva perfecta, pide a otras diosas que le concedan algunos de sus dones. A Afrodita, por ejemplo, que le regale su gracia y sensualidad. Por otro lado, manda que Hermes disimule la mentira en su manera de ser y de obrar. Y por si esta combinación de peligrosas cualidades no fuera ya de por sí lo bastante inquietante, pone al alcance de la muchacha un ánfora (lo de caja parece provenir de una interpretación latina posterior) en la cual consigue encerrar todos los males. Tras advertirle de que no la abra si no quiere que las calamidades se dispersen por la Tierra, el padre olímpico acabó su trabajo.

Un buen hombre papá Zeus. Siempre ideando cosas positivas. Siempre buscando el bien ajeno…

Aunque bien pensado, quizás el pecado en esta ocasión sea cosa del mensajero. Hemos sabido de todo esto por el amigo Hesíodo, un poeta imparcial, amante de la paz y de la concordia humanas (léase en tono irónico), quien, visto lo visto, no debió disfrutar de relaciones de pareja demasiado satisfactorias. O quizás el problema estuviera en una falta de afecto materno. No sé. Creo que me estoy metiendo en camisa de once varas.

El caso es que, tras conocer la historia de Pandora de labios de alguna deidad cotilla (que entre los griegos abundaban) Hesíodo se atrevió a afirmar en varios de sus poemas que el género masculino habría podido vivir en la gloria, libre de fatigas, dolores y enfermedades, si a ella no le hubiera dado por abrir la caja. A partir de ese momento, los varones debimos elegir entre mantenernos alejados del matrimonio, siendo más o menos libres y felices pero quedando condenados a carecer de descendencia, o bien casarnos y soportar la dura carga de tener una esposa a cambio de disfrutar de un hogar, hijos, y todo lo bueno que la familia conllevaba.

Un mito bastante feminista, como podemos observar, que se tradujo luego al cristianismo en la figura de la Eva de Adán. De nuevo, tentación, pecado y perdición del hombre para culpar a la mujer de todas las dificultades de la existencia. Todo muy ecuánime… Sin duda, la raíz de muchos males actuales.

Sin embargo, a pesar del sesgo de su historia, no podemos ser demasiado severos con el amigo Hesíodo. Él era solo un hijo más de su tiempo y de los prejuicios que imperaban entonces.

Así que, solo por esa razón, como desagravio, habría podido elegir a Pandora para que se convirtiera en personaje fundamental de Los dioses muertos. Sin embargo, no opté por ella solo por una razón de “justicia histórica”.

La Pandora del mito es una mujer discutible, pero nada más recordar su leyenda, vi el potencial que contenía. En Los dioses muertos, Pandora sería maestra del templo de Atenea, una pensadora similar a la famosa Hipatia de Alejandría. Decidí crearla como ejemplo de mujer libre de mente y espíritu, una intelectual capaz de dudar de todas las verdades que en la Grecia de la novela se dan por sentadas. Personaje de aguda inteligencia, si logra conquistar el corazón de Prometeo de la manera en que lo hace es, sobre todo, por su sinceridad y por su valentía a la hora de abordar la vida. Y son sus dudas las que llevarán al héroe a emprender su camino.

Como ha señalado con gran acierto José Torres Criado en algún sitio, mi Canto de Prometeo es en realidad una distopía, una suerte de 1984, en la que el ojo del Gran Hermano son los dioses griegos. Imaginemos que estas deidades fueran reales, que interactuaran con los hombres a diario colaborando en su progreso. Imaginemos una Atenas aislada del mundo exterior, un edén que ha avanzado hasta un estado de hegemonía total sobre un planeta Tierra devastado por causas desconocidas. En el mundo de la novela nos encontramos con una perpetua edad clásica que, sin embargo, goza de prodigios propios de las civilizaciones más tecnológicas. En esta Grecia los hombres viven para adorar a los padres olímpicos. Se crían teniendo en cuenta que son observados y evaluados de continuo y, sobre todo, se preparan para luchar por ellos. Porque la guerra (entre polis o contra panteones de dioses que habitan otros planetas), es otra de las constantes en sus vidas. Los griegos disfrutan de prolongados periodos de paz en los que las cosechas son abundantes y todo es dicha, pero también han de luchar de manera casi ininterrumpida para demostrar su fe y valía. Y los que más destacan por su valentía y habilidades guerreras acaban consiguiendo dones (fuerza, resistencia aumentada, más años de vida y salud…) que al final los distinguen de los humanos comunes. Son la casta de héroes, cúmulo de virtudes y espejo en el que se mira todo buen ciudadano, y entre los que se cuenta Prometeo.

Y es en este escenario en el que el personaje de Pandora cobra especial relevancia llevando a Prometeo a preguntarse muchas cosas. Lo obligará a dudar de la bondad de unos dioses capaces de conceder la vida pero que a la vez exigen una entrega absoluta y niegan la más mínima libertad. Sin miedo a enfrentarse a un poder que la supera en todos los sentidos, ella se adentrará en una peligrosa búsqueda que terminará teniendo profundas consecuencias para todos los que la rodean. Pandora es, en realidad, el motor de Los dioses muertos.

Y es que el gran Hesíodo, cegado por el odio hacia aquella primera novia que seguramente lo despreció por lerdo, no supo ver que las mujeres son siempre el origen de todo, la gran fuerza que ha movido al mundo desde que el hombre es hombre. Al igual que Ailerg, la segunda protectora de nuestro protagonista que le ayuda a culminar su particular viaje hacia la luz, o la misteriosa Doncella Verde, Pandora es la verdad, la pasión, la sinceridad de la vida vivida con honradez… En definitiva, la victoria contra los dioses muertos.

Pandora es mi propio amor, es mi madre y mi mujer, y espero que sea también mi hija algún día. Un personaje capaz de elegir su destino y de hacer que los demás encuentren el suyo.

Sí, sin duda Pandora me esperaba también desde hacía siglos.

Share on facebook
Facebook
Share on google
Google+
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on pinterest
Pinterest

Comentarios

Deja una respuesta

Otros post relacionados

Eso que pasa entre libro y libro: Celsius 2021

Puede que fuera en las redes, seguramente. El caso es que circula por ahí una de esas frases de filosofía de garrafón, que dice que la vida es el tiempo de espera entre viaje y viaje… Algo así. Y puede que, para los que amamos la literatura fantástica, esa sentencia pueda disfrazarse un poco, hasta acabar diciendo que esto de escribir en España es el sufrimiento que hay que pagar entre Celsius y Celsius. Es complicado estar en el negocio. Requiere un amor incondicional y una espalda fuerte, casi de acero, pero luego, tienes la suerte de que alguien en Avilés (un amigo) se acuerda de ti, te invitan a participar en otro Celsius y a la vuelta, de camino, le ves sentido a todo. Al menos durante un tiempo.

Leer Más >>
IMAGEN CORPORATIVA

Imagen corporativa de José Torres Criado

Me acerqué a Imagen corporativa por varias razones. En primer lugar, por qué negarlo, por el autor, José Torres Criado. Y es que el bueno de José había escrito sobre Los dioses muertos alabándola desde que salió publicada de manera entusiasta. Así que tenía una deuda moral con él que me apetecía saldar. Suelo comprar y leer libros de gente que me lee. Pero casi nunca suelo escribir sobre ellos por el compromiso que supone. En caso de que su novela no me gustara, ¿qué se supone que tendría que hacer yo? Él lleva deshaciéndose en halagos hacia Los dioses muertos desde enero, así que me tocaría pasar un mal trago…
Por suerte, no ha sido así.

Leer Más >>
Atenea, la divinidad y el poder

Atenea, la divinidad y el poder – Notas sobre Los dioses muertos (V)

La mirada inquisitiva de los Olímpicos se mantiene fija sobre los personajes de Los dioses muertos durante toda la novela. Ya lo he dicho con anterioridad: cualquier cosa en mi Grecia existe por y para los dioses. Dan la vida, conceden sus dones y han llevado a las diferentes polis a un estado de prosperidad y desarrollo tecnológico nunca antes vistos… Pero a la vez, exigen una absoluta entrega de los hombres. Si un griego quiere que sus cosechas sean abundantes debe rezar; si quiere que el filo de su espada se ilumine y corte, debe rezar.

Leer Más >>
Cleón y el sexo en Los dioses muertos

Cleón y el sexo en Los dioses muertos – Notas sobre Los dioses muertos (IV)

Aunque Los dioses muertos no es ni de lejos una novela histórica, sí que bebí de la realidad a la hora de concebir el mundo griego que describo en la primera parte. La Atenas de Prometeo es remedo de aquella polis en la que los mitos se mezclaron con la vida quedando ligados para la posteridad y, aunque muy diferente en el fondo, en forma trata de parecerse lo más posible. La imaginé clásica en términos arquitectónicos, una ciudad que conservara los rasgos urbanísticos propios de una urbe griega, aunque magnificados y engrandecidos por la tecnología concedida por los dioses.

Leer Más >>
Prometeo y los dioses

Prometeo y los dioses – Notas sobre Los dioses muertos (II)

Los dioses necesitan a los hombres tanto como nosotros los necesitamos a ellos, puede que mucho más. Necesitan de nuestras oraciones, de nuestra sumisión… Necesitan que creamos en su poder, pues de otra forma lo perderían todo. Los dioses, que se creen inmortales, mueren y se deshacen en el vacío cuando el último de sus adoradores se olvida de ellos.

Leer Más >>