EL CONDENSADOR KAULIN
Una de mis obsesiones cuando he escrito fantasía en cualquiera de sus vertientes (y he escrito desde ciencia ficción, a fantasía épica, pasando por superhéroes o steampunk), ha sido siempre la de conseguir un universo lo más coherente posible cono telón de fondo para mis historias. Universos con premisas fantásticas, pero en los que todo funcionase de manera lógica. Relojes mágicos, pero relojes al fin y al cabo, con una cuerda que haga funcionar engranajes perfectamente engarzados.

Por eso, cuando escribí El ladrón de sombras (en realidad, cuando escribí Las increíbles aventuras del Duque Dementira), me planteé una pregunta fundamental. Una vez acabada la guerra contra las hermandades de hechicería, ¿qué ocurriría con la magia? La magia en sí, no sería más que la herramienta a través de la cual esa casta de hechiceros abusó del poder. En realidad, prohibir los hechizos no sería más que una manera de intentar acabar con su tiranía. Una consecuencia vistosa y acorde a la política de los vencedores que casaría con la lógica de sus acciones, con sus miedos, y que serviría, a la vez como ajuste de cuentas con el pasado. Pero si lo pensamos bien, en el mundo de Umbra Nova o en cualquier otro, sería complicado renunciar a algo tan útil y eficaz, solo porque lo dictaran las leyes.
De manera que, traté de buscar una respuesta coherente a esa pregunta. ¿Qué ocurriría con la magia acabada la guerra? Y para lograrla, busqué una manera de democratizar ese poder entre los hombres, de forma que nunca, nadie más, pudiera volver a abusar de él. Además, necesitaba dar razones al ejército de los mecanólogos para ganar la guerra. Que la tecnología se impusiera a una potencia tan poderosa como es la magia porque sí, sin más razón, solo porque resultaba bueno para la historia que quería contar no era algo muy coherente.
Y ahí es donde entró en mi ecuación narrativa la máquina de Kaulin.

La máquina, el condensador o el ingenio de Kaulin no es más que un aparato capaz de destilar la esencia mágica invisible, presente en la naturaleza, para convertirla en un líquido con propiedades asombrosas con muchos fines. Puede ser usado como combustible, como medicamento, como aditivo que aleado con ciertos metales los vuelve más resistentes y ligeros… El poder que los hechiceros habían aprendido a controlar a través de sus encantamientos, podría ser condensado en pequeñas cuentas luminosas que, correctamente usadas podrían tener mil fines, de manera que ya no serían ellos los únicos capaces de usar tal poder, sino que este podría estar al alcance de cualquier ingeniero o artesano gracias a una sencilla licencia imperial. Y así, el icor de magia destilada, que maese Kauiln y sus ayudantes aprendieron a condensar, se convirtió en la razón de que los no iniciados ganaran la guerra. Usando ese combustible sus cañones se volvieron más letales, las armaduras gólem de sus soldados de élite cobraron vida, sus pistolas y fusiles pudieron disparar más lejos y de manera más certera, sus naves volaron más alto y surcaron el cielo más rápido, y sus castillos y fortalezas fueron, de repente, inexpugnables… Ya tenía la razón lógica para decidir la guerra de un bando u otro y esa misma razón me valió para explicar el mundo que vendría a continuación.
La máquina de Kaulin (nuestro particular Oppenheimer de fantasía), creada por el maestro y un grupo de ayudantes que en muchos casos habían abjurado de su lealtad a las cofradías de hechicería, se convirtió en eje central del mundo en el que se desarrollaría la historia, y aunque no sería en modo alguno protagonista de la narración, su presencia lo cambiaría todo, desde el aspecto de la nueva capital de mundo, nuestra Umbra Nova, hasta los comportamientos de muchos de los personajes. Pensad en como podría cambiar, por ejemplo, la manera de construir con ladrillos que no pesaran, vigas capaces de soportar casi cualquier peso, argamasa que lo uniera todo. Sin duda, la lógica de los edificios que conocemos será abolida y las ciudades comenzarían a elevarse hacia el cielo cada vez más, teniendo como único límite la imaginación de los arquitectos… Me divierte mucho pensar en lo que podría haber hecho alguien como Antoni Gaudí, en la ciudad de Umbra Nova.

Así que, sin ser protagonista en absoluto de la historia, la máquina de Kaulin es el centro de la ambientación del cómic y en cierta medida su alma. Casi todo en Umbra Nova funciona usando icor de magia destilado como combustible y por eso, creo que merecía la pena hablar un poco de ella.
¡Icor de magia! ¡Excelente icor de magia destilado! El mejor y más barato del imperio… Apto para calentar hornos y corazones en igual medida. Apto para endurecer una pluma y ablandar el acero… Y a la venta solo en Umbra Nova, capital del imperio mecánico. No pierdan la oportunidad.
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