El Blog de José Antonio Fideu

El círculo que se cierra…

Efectivamente, el círculo se ha cerrado hoy, y al admirarlo he pensado que quizás el viaje no haya estado tan mal.

Hace muchos años (quizás ya demasiados), Vicente Cifuentes me pidió que le escribiera un guion. No sé la fecha exacta, pero sería allá por el 2007. Yo por aquel entonces solo había escrito los argumentos de mis propias historias (tenía la esperanza de ser dibujante) y él quería algo tipo El sexto sentido. Al menos, eso me dijo: Hazme algo tipo el sexto sentido. Así que, me puse a ello con toda la ilusión…

Todavía no sé por qué me lo pidió a mí, pero el caso es que lo hizo.

A los pocos días volvió a mi casa y yo había parido Núbilus y aquella fue mi primera publicación seria. El cómic, publicado por Dolmen, tuvo poca repercusión, pero las críticas fueron buenas. Vicente y Manuel Cifuente, Ciro, el colorista, hicieron un gran trabajo y creo que la historia era buena, y por eso, me animé a coger todas mis notas y el resto del material que tenía y comencé a desarrollar la que sería mi primera novela. Consideraba (y sigo considerando) que 48 páginas eran muy pocas para aquella historia y yo quería contarla como pensaba que se debería contar. Así que, aprovechando un verano y uno de mis primeros años como maestro en la sierra (en el maravilloso pueblo de Yeste), escribí la novela.

Recuerdo que, por aquel entonces, publicar algo me parecía una locura. No pensaba que nadie se atreviera a hacerlo. Sin embargo, como no perdía nada, hice una lista de editoriales españolas y, sin saber nada de ellas, la mandé a la primera que encontré. Mi criterio fue el más tonto, el alfabético, pero tampoco tenía mucho más para juzgar.

Recuerdo que me olvidé de aquel envío y que seguí con mi vida sin esperar siquiera una respuesta. Y sin embargo, a los pocos meses recibí un correo del editor en el que alababa mi trabajo y aquello me hizo explotar de emoción. Pero, como dice el refrán, la alegría dura poco en casa del pobre. Resultó que, en la misma nota, aquel hombre me decía que su editorial iba a cerrar y que, sintiéndolo mucho, no se podía encargar de la edición. Imaginaos mi decepción. Con todo, en un detalle de amabilidad que le agradeceré siempre, al final me daba la dirección de un amigo suyo, también editor que, según él, estaría dispuesto a publicar Núbilus.

Así que, aquel habría sido el camino lógico, pero no sé por qué decidí salirme de él. No quise recomendaciones (mientras lo recuerdo me parece absurdo), y sin pensarlo más busqué la segunda editorial de mi lista. Era Dolmen y yo sabía muy poco de ellos; que nos habían publicado el cómic y que sacaban algunas historias de zombis… poco más. Pero pensé que si se habían atrevido con el tebeo, quizás lo hicieran con su versión en novela.

Sin embargo, por extraño que me parezca ahora, aquel terminaría siendo el camino. Poco tiempo después, me escribieron de Dolmen, creo que fue Jorge Iván Argiz, y me confirmaron que la novela sería editada. Creo que pocas veces me he sentido tan feliz. Llegué entonces a pensar que podría tener una carrera literaria y empecé a creérmelo más al escuchar a Jorge Iván hablar de mi libro…

Pero todo esto, que aún hoy me parece un sueño, no tomó cuerpo de realidad hasta que un día me envió la portada del libro. No os imagináis lo que aquello supuso para mí. De repente, mi Meteoro cobró vida. Un rectángulo de tonos ocres y marrones, con un hombre de perfil, que representaba todo lo que yo había imaginado, y el título, Núbilus, con mi nombre justo encima…

Me encantó. Estuve horas sin parar de mirarla. Y a partir de ese día ya supe que era verdad… Había publicado un libro.

Poco tiempo después supe que el autor de aquella maravillosa ilustración había sido el uruguayo Alejandro Colucci y al investigar sobre sus demás obras me sentí muy honrado. Alejandro podía presumir, ya por entonces, no solo de un arte exquisito, sino también de una dilatada y fructífera carrera. A lo largo de su vida Alejandro ha ilustrado, por ejemplo, las portadas de la saga de Geralt de Rivia «The Witcher», las portadas de las novelas de Anne Rice, de Mario Puzo, o los libros de Robin Hobb, Tom Wolfe, James Ellroy, C.S. Lewis, J.G. Ballard, Orson Scott Card, William Gibson y Clive Barker, entre otros. Así que, me sentí como un niño pobre al que, de repente, invitan a ser miembro de un club londinense de caballeros adinerados… Y todo fue gracias a aquella portada. Con Núbilus y Alejandro Colucci empezó todo.

Pero mi suerte no quedó ahí, ya que, algún tiempo después (no recuerdo bien la excusa), conseguí ponerme en contacto con él. De alguna manera, imagino que sería a través de Facebook, logré hacerle llegar mi admiración por su obra y, poco a poco, fuimos conociéndonos. Resultó que él, como yo, era un fiel seguidor del grupo de rock progresivo Genesis, que había sido liderado por dos grandes monstruos de la música moderna: Peter Gabriel, primero y Phil Collins después. Y eso nos llevó a hablar de música en general, de cómics, de nuestras infancias, de nuestras esposas… De la vida en general. Y resultó que un crío nacido en Montevideo en 1966 y otro nacido en Albacete, España, en 1972 tenían muchas cosas en común… Y, aunque en la lejanía, hubo contacto, y esos dos muchachos (ya vestidos de canas) llegaron a llamarse amigos.

Milagros. Una de las mayores satisfacciones que me ha dado esto de escribir…

Pues bien, esta mañana, el cartero, sin saberlo, ha cerrado ese gran círculo, poniendo un punto final (más bien punto y seguido) a esta larga historia. Veréis, hace unas semanas, Alejandro comunicó que se mudaba de casa y que quería deshacerse de algunos libros, que los vendía, casi los regalaba. Así que me puse en contacto con él y le pedí que me enviara Núbilus. Tener el libro, dedicado por él me parecía la guinda de un pastel de fantasía del que he sido ingrediente y comensal. Pero por desgracia, el bueno de Alejandro pretendía conservar Núbilus, así que se ofreció a regalarme cualquier otro volumen que yo eligiera.

La verdad, si no podía ser Núbilus, me daba más o menos igual el libro. El valor real estaba en tenerlo dedicado por él, pero elegí (sin pensarlo) Primer vuelo de Chris Claremont, el guionista de los X-Men que tanto he admirado siempre. Sus epopeyas mutantes son capitales en la historia del cómic, así que pensé que mataba dos pájaros de un tiro. Pero lo que no esperaba es que, una semana después, al abrir el paquete yo fuera a encontrarme de nuevo con Núbilus y Meteoro, con mi particular primer vuelo. Y es que, bajo su dedicatoria, el bueno de Alejandro había tenido el detalle de reproducir aquella portada con la empezó todo.

Así que gracias a Núbilus y a Meteoro por haberme llevado a vivir tantas cosas y, sobre todo, por haberme concedido un título, una palabra con la que Alejandro adorna su dedicatoria… Esa palabra es amigo. No puedo estar más orgulloso.

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